¿se puede rechazar el feminismo mientras se ejercen derechos que el feminismo ayudó a ampliar?

En los últimos días, la influencer conservadora se convirtió en una de las figuras más comentadas en Estados Unidos tras defender el llamado household voting o “voto por hogar”, una propuesta según la cual una familia emitiría un solo voto, generalmente representado por el esposo.

Aunque esta idea no forma parte de una iniciativa legislativa ni representa una política oficial del gobierno estadounidense, sí reabrió una conversación que parecía pertenecer al pasado: el papel político de las mujeres.

Sin embargo, más allá de la polémica, la verdadera historia no gira alrededor del voto. Gira alrededor de una paradoja.

Savanna Faith Stone pertenece a una generación de jóvenes creadoras de contenido que defienden una visión tradicional de la familia, el matrimonio y los roles de género.

En sus publicaciones ha cuestionado el feminismo contemporáneo y ha expresado su apoyo a un modelo familiar donde el liderazgo del hogar recae principalmente en el esposo.

Su presencia en redes sociales, entrevistas y eventos políticos la ha convertido en una de las voces emergentes dentro del conservadurismo estadounidense.

Y justamente ahí aparece la primera pregunta. Stone ha criticado el feminismo moderno y ha defendido ideas como el voto por hogar. Al mismo tiempo, ha construido una carrera pública basada precisamente en aquello que la hace visible: su voz. Hoy puede hablar ante miles de personas, participar en debates nacionales, influir políticamente desde sus plataformas digitales y desarrollar una marca personal que llega a cientos de miles de seguidores.

No hay nada de ilegítimo en ello. La pregunta es otra. ¿Es posible cuestionar un movimiento social mientras se ejercen derechos y oportunidades que ese mismo movimiento ayudó a ampliar? Sería una simplificación afirmar que todos los derechos de las mujeres existen únicamente gracias al feminismo.

Los cambios sociales son el resultado de múltiples factores: reformas legales, transformaciones culturales, decisiones políticas y movimientos ciudadanos. Sin embargo, también sería difícil entender la historia contemporánea sin reconocer el papel que el movimiento feminista desempeñó en la ampliación de derechos como el sufragio femenino, el acceso a la educación superior, la participación política y la presencia de las mujeres en espacios de liderazgo.

Hoy resulta natural ver a una mujer dirigir una organización, fundar una empresa o convertirse en una figura de influencia nacional. Hace apenas unas décadas, no lo era. La conversación alrededor de Savanna Faith Stone tomó fuerza durante la Women’s Leadership Summit organizada por Erika Kirk, directora ejecutiva de Turning Point USA.

Kirk representa otra cara de esta misma discusión. Defiende una visión tradicional del papel de la mujer y lidera una de las organizaciones políticas conservadoras más influyentes entre los jóvenes estadounidenses.

Su historia no necesariamente contradice sus ideas. Pero sí vuelve a poner sobre la mesa una pregunta interesante. ¿Cómo conviven un discurso que reivindica roles tradicionales con el liderazgo político ejercido por mujeres dentro del propio movimiento conservador? No es una respuesta sencilla.Y precisamente por eso merece ser discutida.

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Deyanira Álvarez, Gunaa Revista

Directora General de Gunaa Revista

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