Durante años, llegar a un puesto de liderazgo parecía ser el gran reto para las mujeres. Hoy, aunque cada vez ocupan más posiciones de responsabilidad, mantenerse, crecer y llegar a los niveles más altos de decisión continúa siendo una batalla diferente.
Las mujeres han demostrado capacidad para dirigir empresas, equipos y proyectos en prácticamente todos los sectores. Sin embargo, todavía existen barreras que pueden frenar su crecimiento profesional: sesgos de género, falta de redes de apoyo, menor acceso a mentorías y la dificultad de equilibrar las responsabilidades laborales con las familiares.
También existe una paradoja. A una mujer líder se le puede exigir demostrar experiencia, seguridad y resultados, pero cuando ejerce autoridad puede ser juzgada con mayor dureza por comportamientos que en un hombre se interpretan como determinación.
El liderazgo femenino no debería consistir en demostrar constantemente que una mujer merece estar en la mesa. Debería tratarse de garantizar que tenga las mismas oportunidades para llegar a ella y que su voz tenga el mismo peso cuando lo hace.
Porque el verdadero cambio no ocurre cuando una mujer consigue ocupar un puesto de poder.
Ocurre cuando ya no resulta extraordinario verla allí.




Directora General de Gunaa Revista








