En Maldonne, la coreógrafa francesa Leïla Ka convierte 40 vestidos en un lenguaje para hablar de identidad, cuerpo y las distintas versiones de una mujer.
Hay prendas que recordamos durante años. El vestido de una primera cita, el de una graduación o aquel que dejamos atrás cuando terminó una etapa.
Nos vestimos para salir al mundo, pero también para reconocernos dentro de él.
Esa relación entre ropa, cuerpo e identidad es el punto de partida de Maldonne, la pieza de la coreógrafa francesa Leïla Ka, que llega a México como parte del Festival CulturaUNAM el 7 y 8 de octubre. En escena, cinco bailarinas atraviesan una sucesión de 40 vestidos que dejan de ser simples prendas para convertirse en piel, máscara y memoria.
Y ahí comienza una pregunta interesante: ¿cuántas versiones de nosotras mismas caben en un solo cuerpo?
Una mujer puede ser hija, profesional, pareja, amiga, madre, artista o desconocida. Puede cambiar de opinión, de estilo, de deseos y de manera de ocupar el espacio sin dejar de ser ella.
En Maldonne, el vestuario acompaña esas transformaciones. Lo delicado puede convertirse en incómodo; lo elegante, en rebelde. El vestido deja de definir al cuerpo y comienza a revelar sus contradicciones.
Porque el cuerpo también guarda memoria.





Recuerda las expectativas que aprendimos a cumplir, las formas en que nos enseñaron a comportarnos y aquellas versiones de nosotras que alguna vez intentamos encajar.
La obra de Ka habla precisamente de esas capas: fragilidad, rabia, resistencia y sororidad.
Quizá por eso Maldonne no habla realmente de vestidos.
Habla de todo aquello que aprendimos a ponernos encima.
Y también de la posibilidad de quitárnoslo. Porque crecer puede significar dejar de conservar versiones de nosotras que alguna vez funcionaron.
Algunas pertenecieron a quien fuimos. Otras nunca fueron nuestras. Y quizá la libertad está en poder elegir, una vez más, quién queremos ser ahora.
Directora General de Gunaa Revista








