Hay trabajos que se ven… y otros que sostienen todo sin hacerse notar.
Cada mañana, millones de mujeres en México comienzan su jornada antes de que el resto del mundo despierte. Preparan alimentos, limpian espacios, cuidan infancias, organizan rutinas ajenas. No hay oficina, pero hay estructura. No hay aplausos, pero hay impacto. No hay reconocimiento constante, pero sí una verdad innegable: sin ellas, el sistema simplemente no funciona.
Este 30 de marzo, Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, no es una fecha simbólica. Es una deuda histórica que empieza a nombrarse.
Porque hablar de trabajadoras del hogar no es hablar solo de limpieza. Es hablar de economía. Es hablar de cuidado. Es hablar de una red silenciosa que permite que otras personas salgan a trabajar, crecer y sostener industrias completas.
Y, sin embargo, durante décadas, su labor ha sido invisibilizada, precarizada y, en muchos casos, desprotegida.
En México, el trabajo doméstico remunerado ha sido uno de los más desiguales en términos de derechos laborales. Jornadas extensas, falta de contratos formales, acceso limitado a seguridad social y condiciones que muchas veces dependen más de la “buena voluntad” que de la ley.
Pero esto no es casualidad. Es estructural.
Históricamente, este trabajo ha sido asignado a mujeres, muchas de ellas en contextos de vulnerabilidad económica, lo que ha normalizado su invisibilidad. Se volvió cotidiano no cuestionarlo. Se volvió costumbre no verlo.
Y lo cotidiano, cuando no se cuestiona, se convierte en injusticia.

Nombrar este día no es suficiente si no va acompañado de conciencia y acción.
Reconocer a las trabajadoras del hogar implica entender que:
Implica también dejar de romantizar el esfuerzo silencioso y empezar a construir condiciones justas: contratos claros, horarios definidos, acceso a seguridad social, respeto absoluto.
Porque no se trata de “ayuda en casa”. Se trata de trabajo.
En entender que el respeto no es un extra. Es la base.
Hoy, más que felicitar, toca cuestionar:
¿Estamos siendo parte del problema… o del cambio?
El Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar no debería quedarse en una publicación conmemorativa. Debería incomodar lo suficiente como para mover estructuras, aunque sea desde lo individual.
Porque al final, la frase es simple, pero poderosa:
Toda mujer merece respeto, sin importar el uniforme que vista.
Y cuando eso se vuelve una práctica —no solo un discurso—, entonces sí estamos avanzando


Directora General de Gunaa Revista




