¿Por qué sentimos que el tiempo pasa más rápido al crecer?

Hay una pregunta que aparece con una frecuencia casi universal cuando crecemos: ¿en qué momento pasó el tiempo tan rápido?

De niñas, las vacaciones de verano parecían interminables. Un cumpleaños tardaba una eternidad en llegar y un año escolar podía sentirse larguísimo. Ahora, en cambio, enero parece convertirse en diciembre en cuestión de semanas.

El reloj no cambió. Nuestra percepción del tiempo sí.

Cuando todo es nuevo, el tiempo deja más huellas

Una de las explicaciones más estudiadas tiene que ver con la novedad y la memoria.

Durante la infancia y la adolescencia vivimos constantemente experiencias nuevas: aprendemos a leer, hacemos nuevos amigos, cambiamos de escuela, viajamos, tenemos primeras citas, conseguimos nuestro primer trabajo o aprendemos a conducir.

Cada experiencia puede convertirse en un recuerdo diferente y reconocible. Cuando miramos hacia atrás, ese periodo parece estar lleno de acontecimientos.

En la adultez, muchas actividades comienzan a repetirse. Trabajo, casa, pendientes, trayectos, compras, responsabilidades. No significa que la vida adulta sea aburrida, sino que una mayor proporción de nuestras experiencias se vuelve familiar.

Y cuando muchos días se parecen entre sí, nuestra memoria puede agruparlos.

Por eso, un mes lleno de acontecimientos puede parecernos largo al recordarlo, mientras que seis meses de rutina pueden sentirse como si hubieran desaparecido. La explicación basada en la rutina y los recuerdos es una de las principales hipótesis estudiadas sobre esta sensación.

¿Entonces la rutina hace que la vida pase más rápido?

Puede contribuir, pero la respuesta no es tan sencilla.

Investigaciones recientes sugieren que no existe una única explicación para esta experiencia. La memoria, la atención, la sensación de presión por el tiempo, nuestras emociones y la manera en que evaluamos una etapa de nuestra vida pueden influir en cómo recordamos su duración.

De hecho, un estudio publicado en 2026 encontró que la percepción de que la última década pasó más rápido con la edad estaba relacionada con la capacidad de formar nuevos recuerdos, más que simplemente con la cantidad de recuerdos autobiográficos que una persona pudiera recuperar.

Esto ayuda a entender por qué las etapas con muchos cambios pueden sentirse diferentes cuando las recordamos.

¿Podemos hacer que el tiempo se sienta diferente?

No podemos detener el reloj. Pero sí podemos cambiar la manera en que vivimos y recordamos nuestros días.

Aprender algo nuevo, conocer lugares diferentes, cambiar una rutina, comenzar un proyecto o simplemente prestar más atención a lo que estamos haciendo puede crear nuevas experiencias y recuerdos.

Eso no significa que tengamos que convertir nuestra vida en una búsqueda permanente de novedades. La rutina también nos da estabilidad y puede ser necesaria para sentirnos bien.

La clave está quizá en no dejar que todos nuestros días se conviertan en una repetición automática.

Porque cuando miramos atrás, no recordamos las horas que pasaron frente al reloj. Recordamos los momentos que dejaron una marca.

Y tal vez por eso, cuando sentimos que la vida está pasando demasiado rápido, la pregunta no debería ser solamente “¿a dónde se fue el tiempo?”, sino:

“¿Qué quiero recordar de esta etapa cuando mire hacia atrás?”

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Deyanira Álvarez, Gunaa Revista

Directora General de Gunaa Revista

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