Hablar de brecha salarial de género no significa únicamente comparar cuánto gana un hombre y cuánto gana una mujer por realizar un trabajo. La diferencia salarial también refleja las oportunidades que cada persona ha tenido para acceder, permanecer y crecer dentro del mercado laboral.
Las mujeres han aumentado su participación profesional y cada vez ocupan más posiciones de responsabilidad. Sin embargo, todavía enfrentan obstáculos que pueden afectar sus ingresos: mayor presencia en empleos informales, interrupciones de trayectoria relacionadas con los cuidados, menor representación en algunos sectores mejor remunerados y dificultades para acceder a puestos de decisión.
La maternidad también puede marcar una diferencia importante. Muchas mujeres reducen sus jornadas, interrumpen temporalmente sus carreras o enfrentan dificultades para regresar al mercado laboral después de tener hijos.
A esto se suman factores menos visibles, como los sesgos al contratar, negociar un salario o considerar a una persona para un ascenso.
Cerrar la brecha salarial entre hombres y mujeres requiere más que establecer el principio de igualdad. Implica crear condiciones laborales transparentes, facilitar la conciliación y garantizar las mismas posibilidades de crecimiento.
Porque la igualdad laboral no termina cuando una mujer consigue un empleo.
También significa que su experiencia, preparación y talento sean valorados de la misma manera.




Directora General de Gunaa Revista








