Pensamientos incómodos que una mamá ambiciosa no dice en voz alta

No porque no existan. Sino porque no están permitidos. Porque durante años se construyó una imagen de la maternidad donde todo debía sentirse pleno, natural y suficiente. Y cualquier emoción que se saliera de ahí… se convertía en culpa.

Pero la realidad es otra. Hay pensamientos que aparecen en silencio. En medio del cansancio. Entre pendientes. En pausas que casi no existen. 

Pensamientos que no te hacen mala madre. Pero que rara vez se dicen en voz alta.

Como este: “Extraño quién era antes.” No porque no ames tu vida actual. Sino porque hubo una versión de ti que tenía tiempo, espacio, ligereza. Y a veces… hace falta. O este: “Quiero tiempo sola.” Sin explicaciones.

Sin interrupciones. Sin sentir que estás dejando algo pendiente. Solo tiempo contigo. También está este otro: “No quiero elegir entre ser mamá y crecer.”

Porque la idea de tener que sacrificar una parte de ti para sostener otra… ya no hace sentido.

Y sin embargo, el sistema sigue planteándolo como una obligación. Y luego aparece uno más difícil de admitir: “A veces me siento rebasada.” 

No siempre. No todo el tiempo. Pero lo suficiente como para notarlo. Y aun así, sigues. Cumples. Respondes. Sostienes. Como si no pasara nada. Pero pasa.

Y reconocerlo no te hace débil. Te hace honesta. Porque aquí está lo que nadie dice con claridad: Amar a tus hijos no elimina tu complejidad como mujer. No borra tus deseos. No cancela tu ambición.

Solo la pone en un contexto más exigente. Por eso estos pensamientos incomodan tanto. Porque rompen la narrativa perfecta. Porque muestran una maternidad más real. Más humana. Más completa.

Y porque, en el fondo, muchas más mujeres los tienen de las que lo admiten.

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Deyanira Álvarez, Gunaa Revista

Directora General de Gunaa Revista

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