Hay trabajos que terminan al final del día. La maternidad no es uno de ellos. Porque ser mamá no ocurre solo en momentos grandes. No vive únicamente en las fotografías bonitas o en las celebraciones de mayo.
La maternidad también existe en lo invisible. En el cansancio acumulado. En las noches interrumpidas. En recordar todo lo que nadie más recuerda. En sostener emocionalmente incluso cuando tú también necesitas ser sostenida.
Y aun así… seguir. Durante años, el Día de las Madres se construyó desde una imagen muy específica: La mamá perfecta. Paciente.
Incondicional. Capaz de todo. Pero poco se habló de la mujer detrás de esa expectativa.
La que también se cansa. La que duda. La que a veces siente culpa por querer espacio para sí misma. La que sostiene tanto… que olvida cuánto pesa.
Porque ser mamá no elimina quién eras antes. Solo te transforma. Y quizá una de las cosas más injustas que aprendieron muchas mujeres fue creer que para ser buenas madres tenían que desaparecer un poco.
Poner siempre primero a otros. Callar el agotamiento. Minimizar lo que sienten. Como si el amor tuviera que medirse en sacrificio constante.
Pero la maternidad real no siempre luce perfecta. A veces luce como sobrevivir al día. Como resolver sin descanso. Como intentar hacerlo lo mejor posible mientras todo pasa al mismo tiempo.

Y eso también merece ser reconocido. Porque las madres no solo sostienen hogares. También sostienen comunidades. Instituciones. Decisiones.
Equipos.Personas. Y quizá por eso hoy resulta imposible hablar de Querétaro sin pensar también en las mujeres que lo sostienen desde distintos espacios.
Mujeres que lideran proyectos. Que acompañan comunidades. Que representan instituciones. Que construyen impacto público. Pero que antes de todo eso… también son mamás.
Desde perfiles como Deyanira Álvarez, Adriana Olvera de Macías, Gaby Trápala, Paloma Palacios González y Ana Paola López Birlain, hasta miles de mujeres que sostienen hogares lejos de los reflectores, existe algo en común:
La capacidad de seguir construyendo incluso mientras cargan responsabilidades invisibles. Porque la maternidad no se pausa cuando hay trabajo. Ni el liderazgo desaparece cuando hay hijos.
Ambos conviven. Aunque pocas veces se hable de lo difícil que eso puede ser. Por eso este Día de las Madres no tendría que tratarse solo de flores o frases bonitas.
También debería ser una oportunidad para mirar distinto. Para reconocer el trabajo emocional que rara vez se nombra. La carga mental que pocas veces se comparte. La fuerza silenciosa que tantas mujeres ejercen todos los días.
Y sobre todo, para recordar algo importante: Ser madre no te hace menos fuerte. Menos capaz. Menos ambiciosa. Te convierte en alguien que aprendió a sostener incluso en medio del caos. Y eso… merece más que un día.
A todas las mujeres que sostienen más de lo que el mundo alcanza a ver: ✨ Feliz Día de las Madres. ✨Aunque a veces nadie lo note… lo que hacen importa.






Directora General de Gunaa Revista






