Durante años, a las mujeres se les vendió una idea peligrosa: que podían tenerlo todo… sin costo. Ser madres presentes. Tener una carrera exitosa. Cuidarse. Estar bien emocionalmente. Y hacerlo todo con una sonrisa.
A eso le llamaron “equilibrio”. Pero en la vida real, ese equilibrio casi nunca existe. Y mujeres como Karla Berman lo saben. No porque tengan una fórmula secreta.
Sino porque entendieron algo que incomoda: Siempre estás eligiendo.No hay un punto donde todo esté perfectamente balanceado.
Hay momentos donde el trabajo exige más.
Momentos donde la familia lo es todo. Momentos donde tú quedas al centro… y otros donde no.
La diferencia no es que unas puedan con todo. Es que dejan de perseguir lo imposible.
Y empiezan a decidir. Decidir sin culpa perfecta.
Decidir sabiendo que no todo se puede al mismo tiempo. Decidir entendiendo que avanzar también implica soltar.
Porque aquí está la verdad que pocas veces se dice:
El problema no es no tener equilibrio.
El problema es creer que deberías tenerlo.

Eso es lo que genera frustración constante. Sensación de estar fallando.
Y una autoexigencia que nunca se satisface.
Pero cuando cambias la pregunta de “¿cómo logro todo?” a “¿qué es lo más importante ahora?”
Algo se acomoda. No desaparece el cansancio. No desaparecen los retos. Pero desaparece la ilusión de perfección. Y eso libera. Las mamás que construyen —negocios, carreras, impacto— no son las que tienen más tiempo.
Son las que tienen más claridad. Saben que hay días donde llegan tarde.
Días donde no están en todo. Días donde dudan. Pero siguen.
Y en el caso de Karla Berman, esa conversación también atraviesa la maternidad.
Porque detrás de la figura pública y empresarial, existe una realidad que muchas mujeres conocen bien: la sensación constante de dividir atención, energía y tiempo entre múltiples versiones de ti misma.
Madre.
Profesional.
Líder.
Mujer.
No como roles separados, sino coexistiendo al mismo tiempo.
Y quizá ahí está una de las ideas más importantes que representan mujeres como ella: Que la maternidad no elimina la ambición. La reorganiza. La vuelve más consciente. Más estratégica. Más ligada al propósito.



Directora General de Gunaa Revista






