Es raro ver a una mexicana compitiendo en esquí de fondo, y más aún en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Pero Regina Martínez desafió lo predecible y lo convirtió en realidad: será la primera mujer mexicana en participar en esquí de fondo en unos Juegos Olímpicos de Invierno, un logro que trasciende estadísticas y reescribe el guion para el deporte nacional.
Regina nació en la Ciudad de México y no conoció la nieve en su infancia. Su camino hacia el esquí comenzó durante la universidad de medicina en Minnesota, donde la nieve dejó de ser solo clima y se volvió propósito de vida. Ahí combinó el rigor académico con una curiosidad que, con los años, se transformó en disciplina competitiva de alto rendimiento.
Lo que distingue a Regina no es solo el territorio helado que conquistó, sino cómo lo hizo: entre turnos prolongados en urgencias y exigentes entrenamientos, financió gran parte de su carrera con sus propios recursos y sacrificios personales. Muchos días eran una carrera contra el tiempo y la nieve, donde cada sacrificio invertido rendía resultados invisibles hasta que el boleto olímpico llegó.
La clasificación de Regina para Milano-Cortina 2026 no es solo un número en una lista de inscritos: es un hito histórico para México en deportes invernales. Su boleto (conseguido tras competir en circuitos internacionales y cumplir los criterios de la Federación Internacional de Esquí) pone por primera vez a una mujer mexicana en la disciplina de esquí de fondo dentro de unos Olímpicos.
Su competencia está programada para el 12 de febrero de 2026 en la prueba de 10 kilómetros estilo libre con salida por intervalos, donde cada minuto sobre la nieve será también un minuto de inspiración para quienes sueñan con lo imposible.
Para Regina, el significado va más allá de los tiempos o posiciones finales. Su presencia es una declaración: que no importa si el deporte no tiene tradición en tu país, si no hay infraestructura ni camino definido, ni siquiera pistas cubiertas de nieve desde la infancia. Lo que importa es la determinación para abrir puertas y mostrar nuevos panoramas para futuras generaciones.
Aunque la competencia sea feroz —las noruegas y escandinavas tienen una larga historia dominante en esta disciplina—, el simple hecho de estar en la línea de salida ya es una victoria mediática y cultural para el deporte mexicano de invierno. Las posibilidades de que este momento transforme políticas de apoyo, visibilidad mediática y participación femenina en deportes no tradicionales son reales si se cuenta como historia y se celebra con orgullo.
Regina Martínez nos recuerda que la nieve puede ser fría, pero la voluntad es fuego. Representa no solo a México, sino a todas las mujeres que luchan por un sueño que parecía invernal en un país donde el sol suele ganar. Su historia es una pista abierta para que más atletas latinos —y mexicanas— se atrevan a ir más allá del clima, la tradición o las expectativas.





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